Chile: volcán cultural e investigativo

Inmejorable. El viaje a Chile que realicé hace escasas semanas ha sido como idealmente me hubiera gustado que hubiese ocurrido. No en vano, he dado rienda suelta a las dos líneas de investigatigación que ocupan mi actividad profesional, que son, por un lado, la epistemología para la investigación artística; y, por otro, los estudios vascos, la cultura vasca, mediante el acceso al archivo de los capuchinos en Santiago de Chile.

En dicho archivo he rastreado e investigado sobre los posibles documentos relacionados con Aita Hilario Olazaran de Estella, quien escribió el primer método para txistu y tamboril en 1927; un religioso que fue deportado en el año 1936 a Chile y quedó allí hasta el año 1963, año que regresó al País Vasco. He conocido, además, a otros capuchinos vascos que también escribieron música vasca en ese país y armonizaron cantos vascos -como es el caso del padre Ángel de Arruazu- y cuya música incorporaré a posteriores trabajos. He podido observar que quedan, asimismo, cantidad de capuchinos chilenos, nacidos en América, que cantan a día de hoy cantidad de repertorio vasco sin tener ninguna relación directa con Euskal Herria.

Por si esto fuera poco, en este viaje he podido conocer a Humberto Maturana, uno de los científicos más importantes del siglo XX, al cual le he seguido durante veinte años en mis trabajos científicos relacionados con la interpretación musical. Ha sido emocionante conocerlo personalmente, encajar tan bien y poder estar unas cuantas horas a solas con él en el centro Matriztica de Chile, centro que creó hace algunos años junto a Ximena Dávila; ambos trabajan actualmente la biología cultural a partir de los postulados de la estructura biológica del ser vivo ofertando un camino imprescindible para dar respuesta a la realidad del intérprete musical.

El legendario investigador Humberto Maturana se acercó hasta uno de los conciertos que ofrecí en Chile.

Sin duda, Maturana me ha aportado una claridad de ideas increíble, me despejó, además, las dudas que yo tenía acerca de su marco teórico, porque leer a Maturana a veces conlleva cierta complejidad, pero me clarificó perfectamente las dudas sobre la aplicación de la biología del conocer que ha desarrollado a la interpretación musical. Fue todo un placer estar con él a solas recibiendo una clase suya acerca de cómo conoce el ser vivo y cómo ese conocimiento se va produciendo a lo largo de los distintos presentes históricos que va acumulando.

En Chile, además, pude ofrecer dos conciertos, dentro de la gira internacional ‘Xuxurlak’ que estoy realizando a lo largo de 2017 y 2018 por Europa, América y Asia. El primer recital fue en la Filarmónica de Valparaíso, y el segundo en la Sala de Cultura de Providencia, en el centro de Santiago de Chile. Ambas salas magníficas así como el ambiente que se respiró. Dos experiencias maravillosas. A este último recital invité gustosamente al profesor Maturana; y mi sorpresa fue encontrármelo allí, en primera fila, junto a Ximena y Paulo, sus colaboradores en Matrizctica.

Dediqué el concierto a Maturana, ya que una persona de dicha envergadura merece un reconocimiento público y considero que el mejor modo de hacerlo es ofreciendo la música que interpreté en dicho concierto. Al término, Maturana me transmitió que se había quedado “maravillado” con el recital y que mi forma de expresar los sentimientos y de darlos a conocer le había parecido “un volcán”. Yo, con esta palabra me quedo, ya que la experiencia chilena ha sido para mí también todo un volcán cultural, vital e investigativo. Volveré; más pronto que tarde, volveré.